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Microrelats

Aquests microrelats es poden treballar passant el missatge a cau d’orella per fixar-los i sentir com canvien, amb targetes per memoritzar-los o dient només el títol i creant un microrelat alternatiu.

La fama

Enrique Anderson Imbert

El poeta la vio pasar, aprisa; y aprisa corrió tras ella y se quejó:

—¿Y nada para mí? A tantos poetas que valen menos ya los has distinguido: ¿y a mí cuándo?

La Fama, sin detenerse, miró al poeta por encima del hombro y contestó sonriéndole mientras apresuraba la carrera:

—Exactamente dentro de dos años, a las cinco de la tarde, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, un joven periodista abrirá el primer libro que publicaste y empezará a tomar notas para un estudio consagratorio. Te prometo que allí estaré.

—¡Ah, te lo agradezco mucho!

—Agradécemelo ahora, porque dentro de dos años ya no tendrás voz.

L’exprés

Pere Calders

Ningú no solia dir-li a quina hora passaria el tren. El veien tan carregat de maletes, que els feia pena explicar-li que allí no hi havien hagut mai ni vies ni estació.

Miratge

Pere Calders

L’altre dia, mentre m’afaitava, vaig descobrir-me una altra cara. I no m’era pas desconeguda, s’assemblava a la d’un veí meu que no puc veure, un home insuportable amb el qual ens barallem a cada pas. Des d’aleshores em tinc mania i m’odio, ja no em puc quedar sol amb mi mateix.

El mirall de l’ànima

Pere Calders

No ens havíem vist mai, enlloc, en cap ocasió, però s’assemblava tant a un veí meu que em va saludar cordialment: ell també s’havia confós.

Judici precipitat

Pere Calders
Una vegada vaig rebre una flor roja, i no sabia si era una amenaça o el testimoni delicat d’una admiradora. 
 
Posats a triar, vaig quedar-me amb això darrer (perquè vaig més curt d’enamorades que d’enemics) i ja em feia tot de càlculs feliços a base d’entrevistes deliqüescents, quan va trucar a la porta i aparegué un missatger d’aquests que van amb moto. El cor em va bategar de pressa.
 
Però no: el noi em va dir que s’havia equivocat de pis i em va demanar que li tornés la flor.

El cable

Marc Artigau

Mai no m’ha interessat la mecànica, però recordo la meva germana discutint pel passadís amb els pares perquè volia sortir de festa. Recordo la veu profunda del pare, les negociacions i les amenaces. La mare a vegades, sense èxit, intentava fer de mediadora, però tot s’acabava quan la meva germana cridava un “Per què?” ple de frustració i el meu pare vermell de ràbia li responia “Perquè soc ton pare i punt”. La meva germana aleshores se les empescava per sortir i agafar el cotxe i és cert que una vegada ho va aconseguir, sense sospitar que allò seria la seva sentència. El pare va decidir callar.

Però cada vegada que ella explicava que tenia un aniversari de no sé qui o anava a la discoteca de no sé on, el meu pare desapareixia 15 minuts abans i misteriosament el cotxe mai no s’engegava. Recordo el desesper de la meva germana i com el meu pare callava llegint el diari. Mai no m’ha interessat la mecànica, però quan el pare, molts anys després, em va explicar que tot era tan senzill com treure el cable que va de la bobina a la tapa del delco em va semblar que m’explicava el truc de màgia més prodigiós del món.

Abril

Beatriz Alonso Aranzábal

Me senté en la última fila del autobús escolar, suplicando baches. Por fin salíamos de excursión toda la clase, y mis
compañeras se regocijaban en sus asientos, mientras piropeaban al conductor. La profesora decía que la primavera no tiene remedio. Unos días antes yo había hecho el amor por primera vez. Sin precauciones.

Missatge

Thomas Bailey Aldrich

Una dona està asseguda sola en una casa. Sap que no hi ha ningú més al món: tots els altres éssers han mort. Truquen a la porta.

El pèl del gos

Lydia Davis

The dog is gone. We miss him. When the doorbell rings, no one barks. When we come home late, there is no one waiting for us. We still find his white hairs here and there around the house and on our clothes. We pick them up. We should throw them away. But they are all we have left of him. We don’t throw them away. We have a wild hope—if only we collect enough of them, we will be able to put the dog back together again.

El gos ha marxat. El trobem a faltar. Quan truquen a la porta, ningú no borda. Quan tornem tard a casa, no hi ha ningú que ens esperi. Encara trobem els seus pèls blancs per tota la casa i a la nostra roba. Els recollim. Els hauríem de llençar. Però és tot el que ens queda d’ell. No els llencem. Tenim una esperança insensata: si n’aconseguim arreplegar suficients, podrem recompondre el gos de nou. 

L’amor

Cesare Zavattini

Me refugié bajo un portal. De la casa de enfrente llegaban las notas de un vals. Cesó la lluvia, y en el balcón de aquella casa apareció una muchacha morena vestida de amarillo. No la veía bien allá en lo alto; no hubiese podido decir «su nariz sonrosada», pero me enamoré; quizá fue por el aguacero, quizá el brillo de las goteras bajo el sol que asomaba otra vez (nos sigue de puntillas alguien que mueve las nubes, suscita clamores en los caminos sólo para que nos empujen donde a él le conviene, pero de modo que se acuse a las nubes y a los clamores). Desde el balcón se le cayó a la muchacha un pañuelo; corrí a recogerlo y entré en el portal escaleras arriba. En lo alto me esperaba la muchacha: «Gracias», dijo. «¿Cómo te llamas?», la pregunté, jadeante. «Ana», respondió, y desapareció. La escribí una carta que nunca más he vuelto a escribir en la vida, al cabo de un año era mi mujer. Somos felices; a menudo viene a vernos María, la hermana de Ana; se quieren y se parecen mucho. Un día se habló de aquella tarde de verano, de cómo nos habíamos conocido Ana y yo. «Estaba en el balcón -contó María- y, de repente, se me cayó el pañuelo. Ana estaba tocando el piano. La dije: «Se me ha caído el pañuelo, alguien viene a traérmelo». Ella, menos tímida que yo, fue a tu encuentro y os conocisteis, lo recuerdo como si fuera ayer; las dos llevábamos un vestido amarillo.

Amor 77

Julio Cortázar

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son.

Ángeles

Espido Freire

Apostados cada uno en una esquina de la cama le veían cada noche rezar y dormir. Una vez quisieron mostrarse. El niño rompió a gritar y su madre trató de convencerle de que los monstruos no existían. Ellos bajaron la cabeza, avergonzados, y ocultaron su fealdad tras sus alas.

La manzana

Ana María Shua

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

Contracuento de hadas

Diego Muñoz Valenzuela

El doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió estrangulado.

Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor dormía con el balcón abierto, por higiene, era tan alto su piso que no era de suponer que por allí hubiese entrado el asesino.

La policía no encontraba la pista de aquel crimen, y ya iba a abandonar el asunto, cuando la esposa y la criada del muerto acudieron despavoridas a la Jefatura. Saltando de lo alto de un armario había caído sobre la mesa, las había mirado, las había visto, y después había huido por la habitación, una mano solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado encerrada con llave en el cuarto.

Llenos de terror, acudieron la policía y el juez. Era su deber. Trabajo les costó cazar la mano, pero la cazaron y todos le agarraron un dedo, porque era vigorosa como si en ella radicase junta toda la fuerza de un hombre fuerte.

Con el tiempo el príncipe ha engordado debido a la gula, el alcoholismo y la fiesta permanente. Ahora tiene una barriga gigantesca y una papada descomunal. Las piernas raquíticas apenas son capaces de sostenerlo. Hipa constantemente producto de una borrachera consuetudinaria. “Dios mío”, se dice con amargura la infanta, “ha terminado por convertirse en un sapo, igual que al inicio”. Y concluye que la historia es circular.

El dinosaurio

Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.